¿Qué clase de adulto quieres ser?

Somos unos inconscientes.

¡Eh! sin insultar, que yo no te he dicho nada…

Es que no es un insulto, es una realidad. Somos unos inconscientes. Y el no saber de verdad lo que sucede ni las consecuencias de nuestros actos, nos hace ser muy osados y decir y hacer unas cosas…

Me sigue sonando fatal, ¿de qué me estás acusando?

De nada, no te acuso de nada… además me estoy incluyendo, estoy en el mismo saco que tú. Evidentemente, ¡no lo sé todo!

Ponme un ejemplo o algo, porque no hay quién te entienda, ¿qué te pasa a ti hoy?

A ver, esta semana ha sido un poco de locos. Y yo en calidad de observadora, me he dado cuenta de que algunos adultos vamos por la vida ciegos y además, sentando cátedra. No nos paramos a pensar en que nuestra opinión sobre la vida y sobre los demás, está condicionada por el color del cristal con que la miramos.

Y el color de ese cristal viene determinado por nuestra historia vital, personal, nuestra educación, nuestra cultura, nuestro sistema de creencias y todo esto es a su vez heredado de las generaciones que nos preceden. O sea, que si tu madre le pone costillas al potaje de berros, lo más probable es que tu abuela también lo hiciera y que tú lo hagas, porque si no, no es un potaje de berros de verdad. Y así con casi todo. Hasta que un día lees un artículo sobre la huella ecológica que produce la crianza de los cerdos, otro sobre la crueldad animal y asistes a un curso de alimentación consciente. Entonces dejas de ponerle costillas al potaje. Sigue estando bueno y tú te sientes mejor. Tu madre se callará porque te respeta, pero tu vecina seguirá diciendo que así no sabe igual y que además, vas a enfermar.

Esta semana no he parado de leer comentarios de gente muy indignada con el juicio de La Manada, otros poniendo a parir a una concursante de OT a la que se le ocurrió renegar de su acento canario. Las opiniones sobre los últimos casos de agresiones sexuales por parte de actores, personas influyentes en el mundo del cine o alguien con algún tipo de poder sobre otros, tampoco tienen desperdicio esta semana.

Quizá soy yo que estoy muy sensible, no sé. Pero no he parado de leer insultos, justificaciones de actos violentos, juicios paralelos de lo más hirientes, burlas a casos serios de abusos.Todo esto aderezado con muchísimos anuncios del Black Friday… ¿En qué mundo vivimos?

Y eso lo que he leído. ¿Quieres saber lo que he visto?

¿Tú para que lees las opiniones de la gente? No creo que te siente bien… a ver, ¿Qué es lo que has visto?

Ya, normalmente no me afectan tanto, porque tomo distancia y entiendo que cada uno habla dentro de «su mundo» y oye, ¿quién soy yo para juzgar a nadie?

Pero es que esta semana también he visto a dos adultos pelearse por una plaza de aparcamiento, gente colarse en la cola del súper, adultos tirando papeles y colillas al suelo, padres arrastrando niños llorosos por la calle. Y yo respirando hondo para no intervenir… ¿Qué nos pasa?

Pero hija mía, tómatelo con calma. Eso es el pan nuestro de cada día, no pasa nada. Mientras tú estés tranquila con lo que haces…

Que sí, que sí. Pero es que hace unos días me di una vuelta por Facebook y leí una cosa. Fue la gota que colmó el vaso.

A ver cuenta, que seguramente no será para tanto.

Bueno, resulta que alguien, del que nunca me hubiera imaginado un comentario así, afirmaba que un bofetón a tiempo a un niño no es maltrato, sino una forma de educarle. Y claro, me quedé patidifusa. No lo pude evitar y en vez de estarme calladita, que era lo que debería haber hecho, intenté explicar que la violencia nunca está justificada. Es más intenté explicar que lo de la «bofetada a tiempo» es una creencia heredada y que si no dejamos de creer que es verdad, la seguiremos dejando en herencia a nuestros niños y ellos a los suyos. Quise decirle que si a un padre o una madre se le escapa una torta o un bofetón, no es porque el niño se lo merezca, sino porque el padre no tuvo más paciencia, ni más herramientas…

Insitía en que no, en que una cosa es un bofetón de vez en cuando en una situación extrema y otra un maltrato continuado. Además comentaron también padres, orgullosos de sus hijos (como tiene que ser, vamos) que dijeron que  habían dado una buena torta a tiempo con un gran resultado, parece ser.

Y yo en mis trece. Violencia no, con nadie. No hay justificación, da igual lo que nos pase. No se pega (no se grita, no se insulta, no se humilla…). Puse un ejemplo, en la frase del bofetón a tiempo cambié niño por mujer. Pues resulta que no es lo mismo. Pegar a una mujer de forma puntual está fatal (¡claro que sí!), pero a un niño no, es por su bien.

Lo mejor es que mi opinión quedó invalidada con esta frase: «es que tú no eres madre, así que no lo puedes saber». Decidí callarme.

Entiendo que estés revuelta entonces. Trabajas con bebés, cuidas a tus sobrinas… No eres madre, pero pasas mucho tiempo con niños y me consta que intentas ser lo más respetuosa que puedes y sabes.

Gracias, sabía que me ibas a entender. No juzgo. Cada uno vive unas circunstancias y una realidad diferente. No seré yo la que vaya diciendo a nadie si lo hace bien o mal. Cada uno lo hace lo mejor que puede y sabe. Por eso digo que somos unos inconscientes. Cuando por fin tomamos conciencia, queremos que los demás también lo hagan, porque así es más fácil dejar de tener ciertos pensamientos y hacer algunas cosas que, en realidad, no son buenas ni para nosotros ni para los que nos rodean, sobretodo nuestros niños. Mi error fue empeñarme en que me entendiera, cuando no tiene porqué hacerlo.

Entonces, con lo de ¿qué clase adulto quieres ser? te refieres a que tomemos conciencia, ¿no?

Si. A veces parece que en asuntos de crianza y educación el adulto está en un segundo plano. Lo importante es lo que el niño aprenda, y cómo se porte. Resulta que el ejemplo que nosotros le demos es más importante que todo eso.

Si tú insultas, si gritas, si interrumpes las conversaciones, si no escuchas, si cuando te enfadas no te retiras, respiras y piensas antes de actuar, si pegas, si ensucias las calles, si estás irritadisimo todo el día… ¿qué mensaje les llega a los niños? ¿qué pasa entonces, cuando actúan como nosotros? ¿Es ahí cuando se merecen la torta?

Nunca es tarde para decidir qué clase de adulto quieres ser, cómo quieres tratar a la gente que te rodea, cómo quieres que sea tu relación con el mundo, con el momento histórico en el que vives. Si quieres vivir sintiendo, disfrutando, siendo y teniendo una actitud fantástica.

A veces no nos paramos a pensar ni a sentir. Pasamos por este mundo sin darnos cuenta. Yo también voy a pensar qué clase de adulto quiero ser y a actuar en consecuencia. Pero tú no leas más comentarios de nadie, ¿vale?

Vale, me tomaré un respiro.

 


Un comentario en “¿Qué clase de adulto quieres ser?”


Los comentarios están cerrados.