¡RESPIRA!

Respirar

¿ Se acuerdan de la entrada de la semana pasada? Esta semana estoy mejor, ya lo veo  todo a través de otro cristal con un color un poco más amable. Respirar me ha ayudado a cambiar el punto de vista. ¡Qué importante es respirar con consciencia! Y no me refiero a respirar bien, ni despacio, ni profundo… Hay que tomar consciencia de cómo respiramos y de cómo nos influye en nuestra vida diaria. Eso para empezar. Si nos paramos a sentir un poco, nos daremos cuenta de lo rápido y superficial que respiramos. No hacemos pausas para tomar bien el aire. Se nos agolpan las palabras y las frases compuestas, las tensiones en el cuello, los «no te entendí» que en realidad son «no te escuché» y, a veces, hasta perdemos la voz.

Pero es que además:

No tomarse tiempo para respirar nos juega malas pasadas en las relaciones con los demás. ¿Qué pasaría si antes de responder a lo que nos ha sonado a ofensa, tomamos aire tranquila y profundamente y usamos esos segundos para pensar si la respuesta que nos sale es la que verdaderamente queremos dar? ¿Y si cuando el semáforo se pone en rojo y el chic@ del coche que nos precede tarda 5 segundos en arrancar, en vez de tocar la pita y gritarle que es un pesado, no aprovechamos para llenarnos bien de aire?

Creo firmemente que a veces nos ponemos del mal humor simplemente porque ponemos el «automático». Pasamos al estado, «mira éste», «no hay derecho», «así no se puede», «la culpa la tiene…» , «este niño no obedece». Pasa cualquier cosa y aprovechamos para quedarnos en un estado de queja, protesta y la culpa la tiene todo el mundo menos yo.

Podríamos dar un paso atrás, observar con cierta perspectiva, tomar aire y pensar si lo que estamos a punto de hacer o decir (o lo que nos apetecería hacer o decir) es bueno para lo que nos rodean, pero sobre todo es bueno para nosotr@s mism@s. ¡Ojo! No estoy diciendo que no nos acompañemos en los momentos de enfado o cuando se ponen a flor de piel sentimientos que socialmente tienen una connotacción negativa. Todas las sensaciones son lícitas y no debemos contener ninguna. Pero una cosa es lo que sentimos y otra lo que hacemos con lo que sentimos.

Nosotr@s los adult@s somos los que tenemos que aprender a separar una cosa de la otra.

¡Respira! Porque normalmente los niñ@s, y es lo normal y lo que les toca, hacen y dicen lo que sienten. Lo primero que les viene a la cabeza. Por eso es tan importante que nosotr@s nos paremos a respirar, para que el ambiente que rodee a nuestr@s niñ@s sea lo más calmado posible y para que aprendan a tomarse su tiempo y poco a poco vayan separando lo que sienten de lo que dicen o hacen.

Respira para no gritar, para no intervenir si no es necesario, para no pelearte con tu pareja, para no interrumpir las conversaciones. Respira para escuchar a quien te habla, para mirar a los ojos de verdad a tus niñ@s. Respira para leer el último cuento, aunque estés cansad@. Respira para oler el mar y la colonia de bebé, para reírte a tope con cualquier tontería, suspira cuando eches de menos las cosas que hacías antes y te gustaría hacer ahora. Respira profundo y siéntete.

Yo sé cómo se respira para cantar.

Tiene que ser una respiración muy profunda muy consciente. El aire que se toma va a ser usado de un modo concreto. No para cantar en general, sino para cada frase que interpreto. A veces son larguísimas, o cortas y muy seguidas. Para cantar otras tengo que esperar mil compases y seguir manteniendo la conciencia de qué pasa con mi aire. Eso técnicamente. La interpretación conlleva conciencia doble o triple, porque además intervienen las emociones.

Eso intento hacer también en la vida. Respirar según lo requiera el momento.

¿Tú cómo lo haces? Te PARAS en algún momento a respirar o a observar? ¿Das un paso atrás y miras lo que te sucede con perspectiva? ¿Separas lo que sientes de lo que haces o dices?

Te propongo que veas este vídeo de Miriam Tirado. Sería genial que lo intentáramos.