¡Feliz Navidad!

Estamos a punto de empezar uno de los períodos más felices del año, sobre todo si eres niñ@.

La tónica general en estas fechas, independientemente de la fe que cada un@ profese, es la de estar en familia y celebrar. Reunirse para cenar o comer, alegrarnos por estar juntos y estar bien. Es frecuente también, agasajar con regalos y buena comida, cosas especiales que no solemos comer a menudo. Nos ponemos content@s y nos ilusionamos.

Para algun@s es también una época un poco estresante. Compromisos, compras, demasiada comida, demasiada familia, los comentarios del «cuñado» (aunque yo no puedo quejarme, mi cuñado es lo más). Incluso hay quien se pone triste, se deprime, porque echa mucho de menos a gente que ya no está.

Cuando hay niñ@s alrededor toda la ilusión, la alegría y la magia de estas fechas se multiplican.

Están medio nervios@s con la promesa de los regalos de Papá Noel y los Reyes Magos. No hay cole, así que pasan las mañanas y parte de las tardes en sitios diferentes y haciendo cosas distintas. L@s que tienen más suerte pasan el tiempo con sus familias y aprovechan la oferta cultural  y de ocio infantil, que siempre es un poco más amplia en Navidad.

A veces es imposible no contagiarse de esa energía que desprenden los niñ@s. De repente nos volvemos loc@s comprando regalos, porque lo que queremos es que sean muy felices y que se lo pasen muy bien. Nos hace tanta ilusión como a ell@s y estamos deseando ver esas caritas cuando descubran los regalos que hay junto a los zapatos, o debajo del árbol. Sobre todo, si aún piensan que han aparecido porque alguien mágico los ha dejado.

Pero claro, muchas veces nos pasamos. 

Y es que los regalos no son solo los de casa. También  hay en casa de los abuel@s, de los tí@s… Al final acaban con una montaña de cosas que, seamos francos, no necesitan y, además, les terminan aburriendo.

Creo que nos deberíamos parar un poco a pensar en qué quieren nuestr@s niñ@s de verdad, qué necesitan. De entre todas las opciones, creo que deberíamos elegir lo que se ajuste a nuestro presupuesto y no pasarnos con la cantidad de regalos. Según este artículo lo recomendable sería recibir 4 ó 5 regalos. Uno debería ser un libro, otro algo que necesiten, además algo útil y algún juguete de los que hayan pedido.

Y ¿Qué hacer con los tí@s y los abuel@s?

Eso es un poco más difícil. Depende del carácter de cada un@, de sus propias creencias, de la relación que tengan con los padres y los niñ@s. Lo ideal sería hablarlo, que se llegara a un consenso y que se respetara. En este vídeo y en éste Miriam Tirado nos da una lista de regalos que es mejor no hacer a los niños, no se lo pierdan porque lo hace desde un punto de vista muy práctico y divertido. Quizá se lo podamos reenviar a l@s abuel@s, a ver si así…

Al final lo más importante es lo más importante. 

Y es que por mucha montaña de regalos que reciban, los niñ@s que nos rodean siempre van a preferir pasar tiempo con nosotr@s. Hasta cuando son mayores. Una alumna mía de 13 años, me contaba que los mejores regalos del mundo se los hacía su tía. Su tía le ofrecía tiempo, días enteros para hacer cosas juntas. En las fechas especiales, le regalaba momentos y ella se sentía genial.

Y me acordé de este anuncio:

Pensé un poco en mis Navidades. No me acuerdo de muchos regalos de los de cuando era chica. Pero recuerdo una mañana de Reyes en casa de mi abuela. Vivíamos allí. Mi hermana y yo bajamos la escalera, deberíamos tener 3 ó 4 años y no podíamos creer lo que había en el cuarto de estar: «cacharritos» y globos. Recuerdo esa emoción de creer absolutamente que los Reyes Magos lo habían dejado todo ahí, para nosotras.

Y no se me olvidarán jamás los momentos que viví en la familia grande que tengo.

¿ Y tú? ¿de qué te acuerdas? ¿de qué quieres que se acuerden tus niñ@s?