Los pedos y la voluntad.

Esta mañana D. se tiró un pedete. 

Uno de esos tipo metralleta. Estaba en sentada en la alfombra mirando un cuento y de repente «ratatatatá». Con dos años a uno se le escapan los pedos, y el pis y la caca y no importa ni dónde ni cuándo. A mi me dio la risa, y aproveché para hacer un poco de teatro «fooosss, muchacha qué mal huele, ¿tienes ganas de hacer caca?. Y ella me dijo que no, y siguió a lo suyo.

Así que: los niños y niñas de dos años se tiran los pedos cuando quieren.

Cuando vivía en Viena me monté en el tranvía D para llegar a casa.

Era Navidad, el tranvía pasaba por todo el centro y estaba siempre abarrotado. Como yo me subí en una de las primeras paradas pude sentarme, a mi lado se sentó un señor enorme. El tranvía se fue llenando de tal manera que era imposible moverse, pero lo normal era que, en la parada del ayuntamiento y en la siguiente, se bajaran la mayoría de los pasajeros. Yo aguantaba con paciencia. De repente el señor enorme levantó una pierna y giró un poco el cuerpo hacia mi para tirarse un pedo sideral. Me quedé muerta. Me dio una mezcla de asco y vergüenza ajena. Encima me lo comí enterito porque no me podía mover. Me quejé en alto en español e intenté levantarme. La gente que se dio cuenta de lo que había pasado reaccionó de manera diversa, algunos se rieron a tope, otros me miraron con cara de pena e intentaron hacerme hueco y algunas señoras hablaban entre sí indignadas diciendo que no con la cabeza. A todas estas el señor del pedo ni se inmutó.

Así que: cuando un señor o una señora se tira un pedo cuando quiere y lo tienes que soportar tú, no hace ninguna gracia y además piensas que debería habérselo aguantado.

Menos mal que desde la ventana del tranvía se veía esto… El ayuntamiento de Viena y el Mercado de Navidad.

Cuando se es pequeño es muy importante tener espacio y tiempo para poder actuar por voluntad propia.

Es fundamental, por ejemplo, para el óptimo desarrollo motor. Dejar que un niñ@ explore su entorno e intente superar los retos que se le vayan presentando, no solo es bueno para desarrollar su motricidad sino también para que se sienta capaz y seguro de sí mism@, entre otras cosas. Por otro lado, toda iniciativa propia que tenga un bebé para jugar de una determinada manera o de usar los juguetes o los materiales que tenga a mano como mejor le parezca, sin intervención del adult@, es importantísima para favorecer su creatividad, la capacidad de planificar acciones y solucionar problemas. Y, por supuesto, animarles a comer, vestirse, lavarse solito@s es una manera fantástica de fomentar su autonomía e independencia.

Además, habrá momentos en los que los niñ@s expresen claramente qué quieren, pidiéndolo tranquilamente o no tan tranquilamente, y es nuestro deber decidir si les damos lo que piden o no. A veces lo que demandan es urgente y es absolutamente necesario atenderles lo antes posible (cuando tienen hambre, o sueño o necesitan consuelo porque se han hecho daño o tienen miedo). Otras veces creemos que lo mejor es decirles que no y apechugar con la frustración que eso pueda generar. Algunas veces se puede ser flexible, dejarles elegir e incluso romper una norma o una rutina establecida previamente.

Así que: hay que dejar que los niños y niñas actúen por voluntad propia. Es fundamental para el óptimo desarrollo de sus habilidades, su autonomía y su autoestima, entre otras cosas.

Pero claro, hay momentos en los que, que un niñ@ haga lo que le apetece, puede resultar peligroso para su propia seguridad, puede no ser lo que el adult@ cree que es lo mejor para él o ella o  puede que pase como con el señor del tranvía y su pedo, y moleste a otros niñ@s o adultos que estén cerca. 

Y es que, además de todo lo que he escrito arriba, también debemos ayudar a los niñ@s a autocontrolarse.

Sin autocontrol no nos iría muy bien a los adult@s. Pero no creo que sea algo que pueda aprenderse o entenderse cuando ya eres «grande». Creo que es algo que ha de entrenarse desde que se es bebé, teniendo claro en qué momento están los niñ@s, lo que les pasa y de lo que son capaces.

El Dr Álvaro Bilbao propone una serie estrategias para ayudar a los niñ@s a autocontrolarse:

1.  Ayudar poco a poco a superar la frustración.

Satisfacer las necesidades de los niñ@s lo antes posible pero sin angustiarse y ayudarl@ a calmarse si se pone nervios@ con la espera. A medida que vaya creciendo, tendremos que ir poniendo normas y límites que tenga que respetar. Es muy importante confiar en que nuestr@s niñ@s son capaces de tolerar cierto grado de frustración. No se trata de hacerles esperar o ponerles un límite porque sí, se trata de ayudarles a entender que no pueden tenerlo todo siempre. Es fundamental ser cariñoso y cálido a la hora de poner límites y poner los que el niñ@ sea capaz de entender. Además,  tendremos que tener paciencia con las reacciones que esto pueda provocar y acompañar a los niñ@s en su frustración para que también, poco a poco, aprendan a calmarse.

2. Facilitarles las tareas y darles responsabilidades. Hacerles partícipes de su presente.

Si se siente perdido o agobiado con algo que tiene que hacer (recoger, vestirse…) podemos ayudarle a organizar la tarea con una cuantas instrucciones fáciles. También podemos incluirles en actividades en la cocina o en juegos donde haya que organizar una acción determinada. Explicarles los pasos y dejarles intentar la tarea completa con nuestra ayuda si fuera necesario (por ejemplo, si hacemos un bizcocho). Además de ayudarles a ganar autocontrol, les ayudaremos a aumentar su capacidad de resolver problemas complejos porque fomentaremos la buena organización y la capacidad de dividir las tareas difíciles en pasos.

3. Enseñarles a pensar en el futuro.

Podemos prever dificultades o anticipar beneficios relacionados con algo que estemos haciendo en ese momento. Podemos hablar al niñ@ de las posibles consecuencias que tiene hacer determinadas cosas. Por ejemplo, si dejamos la mochila del cole preparada por la noche, no tendremos estrés por la mañana y además es menos probable que se nos olvide algo.

4. Descontrol.

También es muy importante que haya espacio para los momentos con pocos límites o sin límites. Ayudar al niñ@ a entender que hay ciertos momentos en los que puede actuar como quiere, en los que puede elegir o incluso romper alguna norma. Es muy importante que haya un equilibrio para que, a medida que el niñ@ vaya creciendo, sepa cuándo ejercer el autocontrol y cuándo no. Para ello es fundamental que les acompañemos a jugar, les ofrezcamos espacio y tiempo para desfogarse y actividades en las que tengan total libertad creativa, por ejemplo. Además es muy importante exponerles a diferentes escenarios y personas con las que relacionarse, para que vayan experimentando que no en todos lados tenemos que comportarnos igual. Ni ell@s ni nosotr@s.

Así que: a veces no podemos hacer lo que queremos. Tenemos que aprender desde pequeñ@s a autocontrolarnos y a calmarnos, también a organizarnos y a buscar estrategias para hacer las actividades que tengamos o queramos hacer y a prever las posibles consecuencias de nuestros actos. 

Que a todos nos cuesta aguantarnos los pedos, pero  digo yo que el señor del tranvía, si ya no aguantaba más, podría, al menos, no haberse girado hacia mi…

¿Alguna vez no has podido controlarte? ¿Cómo ayudas a los niñ@s que te rodean a autocontrolarse y superar la frustración?

*Esta entrada está inspirada, además de en mi propia experiencia, en el capítulo 23 del libro El cerebro del niño explicado a los padres, del Dr Álvaro Bilbao. Publicado por plataforma actual en 2015.